Se vuelve básico y fundamental,
entre otros aspectos que ya iremos exponiendo, el espacio del que se dispone en
un entrenamiento para el desarrollo y buen funcionamiento de la sesión. Ni que
decir tiene que los entrenamientos son los cimientos sobre los que se sustenta
el equipo y su juego. Con el entrenamiento se intenta dotar al equipo de esa
personalidad propia que lo hace un poco diferente a los demás. Es de cajón
pensar que así como es el espacio de terreno donde se juega ha de ser el
espacio de terreno donde se entrena. Si una pista de fútbol sala es de 40 x 20,
lo es tanto para los partidos como para los entrenamientos. Si por
circunstancias externas y ajenas al funcionamiento del club el espacio de
entrenamiento se reduce pues no queda otra que adaptarse. Pero lo que más
molesta es que se reduzca durante todos los días de entrenamientos. Porque si
de tres sesiones semanales nos vemos obligados/as a tener que reducir espacios
en una termina siendo un mal menor pero cuando has de hacerlo durante los 3
días se convierte en un serio problema.
Lo mejor para todos/as, en este
nivel de competición en el que estamos inmersos/as, es entrenar a puerta
cerrada, disponiendo de todo el espacio y con el equipo en solitario, “sin
vecinos” para que el nivel de concentración sea el máximo así como el
rendimiento, tanto individual como colectivo.
Nos estamos jugando mucho y,
dentro de los recursos de los que podamos disponer, el espacio de entrenamiento
es esencial y primordial para que todo funcione como estaba previsto desde el
inicio de la pretemporada. Se había hecho una planificación que ahora estamos obligados/as a modificar.