A escasas fechas del inicio del
campeonato liguero de la
Primera de Fútbol Sala Femenino resulta, cuando menos
irónico, que todo el esfuerzo y el trabajo realizado durante estos meses se
haya complicado más de la cuenta en un par de semanas por algo que nada tiene
que ver con nuestro deporte. Cada día se vuelven más difíciles realizar los
entrenamientos. Llevamos 5 sesiones compartiendo casi la totalidad del tiempo
de entrenamiento con otra actividad diferente al fútbol sala y que nos está ocasionando
demasiados contratiempos.
Parece, o al menos así lo vemos
nosotros/as, que hay gente que no se quiere dar cuenta de la importancia de la
competición en la que estamos participando. Es lo más a nivel de fútbol sala
femenino que hay en Extremadura. Una liga con 9 equipos, 16 partidos a disputar
y más de 1400
kilómetros por delante, con un objetivo por parte de
todos los equipos que conforman los tres grupos que hay: el ascenso a la 2ª
división B del fútbol sala femenino español. Algo que va a estar al alcance de
muy pocas jugadoras. Solamente de aquellas que formen parte del equipo que al
final lo consiga.
Esta es la cuarta temporada del
club. Se ha formado un equipo femenino que, no sé muy bien por qué, ha
levantado ciertas expectativas. Bien es verdad que la categoría y la
competición han ayudado a que se cree ese ambiente de probable y posible éxito
deportivo femenino a nivel local. Como la temporada es muy larga hay que saber
mantenerse firme, tener los pies en el suelo y no echar las campanas al vuelo. Mayormente
para que nadie se llame a engaño. Tenemos por delante un gran reto. Lo
primordial es hacer piña, agrupar. Con la unión se forma el equipo. Después
pasará lo que tenga que pasar. Hay que ir paso a paso, entrenamiento a
entrenamiento, partido a partido. Y esperar, saber esperar. Hay que tener
paciencia porque todo lo que empieza tiene un final. No hay ninguna meta
marcada. Eso sí, en nuestro horizonte: lucha, entrega, esfuerzo y sacrificio,
tanto individual como colectivo para intentar llegar lo más lejos que podamos.
Sinceramente soy de la opinión,
como cualquiera, que ganar está bien. Pero para mí es algo secundario. Yo
coloco por delante los buenos momentos con las jugadoras. Más allá de la
derrota o la victoria está la competición en sí. Hay que entrenar duro para
poder competir de la mejor manera posible. Y aquí está el contratiempo. Hay
poca gente que valora las horas que dedicamos al fútbol sala, pero entrenando.
Al cabo de la temporada son muchísimas horas de entrenamiento que son las que
hacen que el equipo consiga tener su propia identidad, diferente a la de otros.
Identidad exclusiva y que no se consigue en una tarde. Se necesitan tiempo y
espacio bien aprovechados. Esto de compartir con un elevado potencial de
decibelios de por medio nos está perjudicando seriamente. Y al final vamos a
ser muchos/as los perjudicados/as sino se encuentran soluciones que satisfagan
a todo el mundo.
Por el bien del equipo, esperemos
que no se amplíe mucho más. Que esta situación que ahora estamos atravesando no
se dilate. La temporada son períodos, etapas, ciclos que si no son aprovechados
en cada momento terminan por colocar a cada cual en el sitio que le corresponde
según haya sido su antes, su durante y su después.
Las complicaciones requieren de
sus correspondientes soluciones. Soluciones que han de ser llevadas a cabo, sin
que nadie ni se sienta ni sea perjudicado, por las personas que están a
disposición y en disposición de poderlo asumir con las máximas garantías
posibles.