Estas cuatro palabras resumen claramente lo
que yo quiero de los chavales que tengo en el equipo. Son palabras que
me sirven para aplicarlas tanto en los entrenamientos como en los
partidos.
Lucha o, lo que es lo mismo, competir contra otros para intentar ganar. Acción que hay que tener presente tanto en los entrenamientos como en los partidos. Luchar y competir por ser mejor o hacerlo mejor que el compañero o el rival.
Entrega o, lo que es lo mismo, dedicarse a algo con mucho interés. Lo que le pido a mis jugadores es que lo den todo. Que den todo lo que tienen, todo de lo que sean capaces, tanto en los entrenamientos como en los partidos. Que se mantengan concentrados, que estén pendientes a lo que se les explica, que estén atentos a lo que se dice y hace en cada momento.
Esfuerzo o, lo que es lo mismo, utilizar con intensidad la fuerza física, la inteligencia o la voluntad. Tres valores que en el fútbol sala dicen mucho a favor de un jugador. Este concepto del esfuerzo no se lo aplican todos los jugadores por igual y, a partir de ahí, empiezan a verse las carencias del equipo en su conjunto.
Sacrificio o, lo que es lo mismo, dejar de hacer algo agradable o también hacer cosas molestas para conseguir algo que también te gusta pero que requiere poner mucho de tu parte.
En este pequeño texto y con estas cuatro palabras se contemplan las cualidades que, según mi criterio, debe tener un jugador de fútbol sala y se recoge en poco espacio lo que pretendo conseguir de todos y cada uno de ellos y es lo que estoy intentando hacer en cada día de entrenamiento.
Estas cuatro palabras también tienen la culpa de que algunos de los que empezaron ahora ya no estén.
A todo aquel que de verdad le guste el fútbol sala tiene que saber que a estas edades estas palabras tienen que estar muy presentes dentro de su vocabulario futbolístico.
La cosa está muy clara: si un jugador no lucha, no se entrega, no se esfuerza y no se sacrifica no consigue llegar al final ni obtiene esos resultados que desea, tanto a nivel individual como colectivo.
Aún siendo niños (algo que tengo siempre muy presente) creo que se puede sacar de cada uno de ellos mucho más de lo que a primera vista parece que lleven dentro. Sólo que para conseguirlo hay que aplicar con firmeza estas cuatro reglas: lucha, entrega, esfuerzo y sacrificio, jugador por jugador.
Quien algo quiere, algo le cuesta.
Lucha o, lo que es lo mismo, competir contra otros para intentar ganar. Acción que hay que tener presente tanto en los entrenamientos como en los partidos. Luchar y competir por ser mejor o hacerlo mejor que el compañero o el rival.
Entrega o, lo que es lo mismo, dedicarse a algo con mucho interés. Lo que le pido a mis jugadores es que lo den todo. Que den todo lo que tienen, todo de lo que sean capaces, tanto en los entrenamientos como en los partidos. Que se mantengan concentrados, que estén pendientes a lo que se les explica, que estén atentos a lo que se dice y hace en cada momento.
Esfuerzo o, lo que es lo mismo, utilizar con intensidad la fuerza física, la inteligencia o la voluntad. Tres valores que en el fútbol sala dicen mucho a favor de un jugador. Este concepto del esfuerzo no se lo aplican todos los jugadores por igual y, a partir de ahí, empiezan a verse las carencias del equipo en su conjunto.
Sacrificio o, lo que es lo mismo, dejar de hacer algo agradable o también hacer cosas molestas para conseguir algo que también te gusta pero que requiere poner mucho de tu parte.
En este pequeño texto y con estas cuatro palabras se contemplan las cualidades que, según mi criterio, debe tener un jugador de fútbol sala y se recoge en poco espacio lo que pretendo conseguir de todos y cada uno de ellos y es lo que estoy intentando hacer en cada día de entrenamiento.
Estas cuatro palabras también tienen la culpa de que algunos de los que empezaron ahora ya no estén.
A todo aquel que de verdad le guste el fútbol sala tiene que saber que a estas edades estas palabras tienen que estar muy presentes dentro de su vocabulario futbolístico.
La cosa está muy clara: si un jugador no lucha, no se entrega, no se esfuerza y no se sacrifica no consigue llegar al final ni obtiene esos resultados que desea, tanto a nivel individual como colectivo.
Aún siendo niños (algo que tengo siempre muy presente) creo que se puede sacar de cada uno de ellos mucho más de lo que a primera vista parece que lleven dentro. Sólo que para conseguirlo hay que aplicar con firmeza estas cuatro reglas: lucha, entrega, esfuerzo y sacrificio, jugador por jugador.
Quien algo quiere, algo le cuesta.