martes, 28 de enero de 2014

Complejo de inferioridad

Desde el primer hasta el último jugador de la plantilla está invadido por ese "complejo de inferioridad" que pone título a este post de entrada del blog.
En cualquier competición, de fútbol sala o de cualquier otro deporte, siempre tiene que haber ganadores y perdedores. Eso es una cuestión de lógica.
La cuestión que nosotros tenemos que resolver es que se puede ser unas veces ganadores y otras perdedores, pero no hay que ser perdedores siempre. Ese concepto hay que irlo apartando de nuestras mentes.
Cuando salimos a la pista de juego ya vamos con el partido perdido y aún no ha empezado a rodar el balón.
El hecho de que seamos un equipo "B" casi en su totalidad y que nos enfrentemos contra equipos "A" no me dice nada. Es una buena excusa a la hora de justificar que se pierden los partidos pero realmente no es ésa la causa por la que se pierden. Hay otros motivos. El principal se llama "complejo de inferioridad".
En la pista de juego todos somos iguales. Los altos y los bajos, los de segundo año y los de primero e incluso los que aún son de categoría infantil. Lo que hay que hacer que funcione es el grupo.
Cada jugador, independientemente de su estatura o de su edad, tiene la obligación y el deber de poner a disposición del grupo sus cualidades individuales. Cualidades que, por otra parte, y de una u otra manera, tienen todos y cada uno de los jugadores que forman parte del equipo.
No es fácil jugar contra equipos que a priori son superiores, pero el partido hay que jugarlo y hasta que el árbitro no realice el pitido final el partido no ha terminado y durante 50 minutos de juego puede pasar de todo.
Hasta ahora las cosas no han podido ir peor. Dos derrotas muy contundentes y una victoria, ¡y qué victoria!, después de estas 3 jornadas disputadas. Bagaje que nos hace estar en la parte de abajo de la clasificación pero, como ya he comentado en otras ocasiones, aún quedan puntos en juego para mejorar el puesto en la tabla. Y para eso hay que mejorar primero el rendimiento tanto individual como colectivo del equipo y de sus jugadores.
Una manera de mejorar el rendimiento es acudiendo a los entrenamientos y trabajar duro en ellos. Otra es, el día de los partidos, dejar a un lado ese complejo de inferioridad que nos invade y jugarle al rival de tú a tú, sin tener en cuenta el puesto en la tabla clasificatoria sino pensando en que en fútbol sala cualquiera pueda ganar y también perder y dejando ese sentimiento de que somos inferiores en el puñetero vestuario y salir a la pista de juego sin pensar en el resultado del último partido disputado o de los anteriores.
Lo dicho, hay que jugar sin complejos, sin ningún tipo de complejos. Y hacerlo en equipo.
En la pista somos cinco contra cinco y hay por delante dos tiempos de veinticinco minutos en los que puede pasar cualquier cosa. Todo no va a ser siempre perder. También hay que ganar. O, al menos, intentarlo.
Aunque no es una tarea fácil, tampoco es imposible de conseguir.